“La hija del bandido”, méritos pasados para cuestionar el presente


Marco Islas|


La hija del bandido

La Hija del Bandido
Autor: Refugio Barragán de Toscano
Año: 2017
Editorial: Ediciones Arlequín 

Se llega a un punto como lector en el que cada libro debe ser un proyecto de lectura. Con esto quiero decir que se llega a una etapa de la vida como lector, en la cual cada libro a leer debe ser considerado y elegido no sólo por su correspondencia con el deseo o curiosidad propia del individuo, sino obedeciendo a una lógica de exploración de los límites culturales propios como lector. Algo así como un cuestionamiento a los propios confines intelectuales.  

Un cuestionamiento, también, de los privilegios de ser un lector en una era donde es un mandato de honradez intelectual cuestionar los privilegios propios, para poder así entablar una relación verdaderamente crítica con la realidad. 

Reescribir el Canon y la Historia oficial de nuestra literatura es, en este contexto, un ejercicio intelectual digno del espíritu de la época. Al aplicar la crítica cultural a la historia literaria del país se está, a la vez, reconociendo los méritos pasados —disfrazados, olvidados o hasta ninguneados— y cuestionando el presente, heredero de esa forma de chauvinismo que era la visión predominantemente machista de la Academia, que falló al situar el aporte de las mujeres a la creación del corpus literario mexicano en su justa dimensión. 

Es por eso que la obra de la jalisciense Refugio Barragán de Toscano, La Hija del Bandido, merece no sólo una reedición, sino una reedición como la que Arlequín ha puesto en circulación recientemente: una edición con un estudio introductorio que sitúa la obra en su contexto y en el nuestro. El mérito histórico de esta novela, que viera la luz por primera vez como novela por entregas, es ser la primera obra de ficción publicada por una mujer en el México Independiente, hacia 1887. Su mérito literario es haberse mantenido vigente para un grupo nada despreciable de lectores en el Sur de Jalisco, que consumen con avidez las leyendas sobre bandidos, doncellas en el marco de la indómita y hermosa naturaleza que crece en las faldas de El Nevado. Y ese no es un mérito literario menor. Como dice la académica María Zalduondo en parte del prólogo: “Si el estado de Jalisco fuera nación, La Hija… sería considerada una novela fundacional (…) En los pueblos de Colima y Ciudad Guzmán se requiere como lectura en la escuela y es orgullo de la historia y literatura regional del pasado”.

Para un lector contemporáneo la estructura narrativa de La Hija del Bandido resultará familiar, pues la novela por entregas no es otra cosa que el antepasado de las series, al menos desde el punto de vista narrativo, incluso discursivo, si bien los avances tecnológicos hacen de las series audiovisuales el non plus ultra del ejercicio narrativo contemporáneo. 

Por cada fuga descriptiva de lenguaje pomposo, el lector moderno más minimalista recibirá a cambio un fragmento de estudio social, económico y natural del México de finales de la Colonia. Un estudio de una sociedad que desde entonces exhibía los vicios y características que marcan el carácter nacional en una eterna tensión entre la ambición que anida en las ciudades y su gente, y la pureza de espíritu de la vida campirana. 

Leer a Refugio Barragán de Toscano es leer a una literata nacional precursora de la novela moderna en México, decidida como fue a hablar de un pasado reciente para intentar dar a sus lectores, a través de una narración popular en su época, una ilustración sobre la sociedad de la que procedían. En La Hija del Bandido nada es superfluo, todo está al servicio del final pedagógico de la autora. Como habitantes del mismo país, nos debemos a nosotros mismos regresar a la lección que resuma de las páginas de una novela pionera. 

Razones sobran. 

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