Vidas anodinas que asustan más que los zombies.

El tiempo de los muertos, una novela de James Nuño.

El vacío existencial detrás de cada sueño apocalíptico es parte del thriller en el que Nuño envuelve una historia que emociona y conmueve a sus protagonistas de dentro hacia afuera.
Foto: ©Cengiz Sari_via Unsplash

Los mayores sucesos
no son nuestras horas más ruidosas,
sino las más silenciosas.

Friedrich Nietzche

Por Nestor Pinacho.

Cinco años son mucho tiempo, sobre todo si nos ponemos en el lugar de un prisionero de guerra, cautivo durante ese lapso. No es de extrañar que un hombre en ese situación pensara mucho en el transcurrir de los días, los meses, las horas y en qué significa ésto para la humanidad. Lo que sí es de extrañar es la conclusión a la que llegó: el tiempo es narración; de hecho, señala, todos estamos hechos de las historias que nos contamos. 

Ese hombre era Paul Ricoeur, filósofo y teórico de la literatura cuya aportación ha sido fundamental para la interpretación de los textos narrativos. Su aseveración parece descabellada, pero resulta interesante: somos historias, ante los demás y ante nosotros mismos somos el personaje de nuestra narración. 

Una gran pregunta relacionada con ese tema subyace en Los no muertos, de James Nuño (Paraíso Perdido, 2016): ¿vale la pena esta historia de la que formo parte? No es que el grupo de cinco amigos a los que acompañamos durante el azote de una epidemia se pregunte esto de manera explícita, pero la rutina que consume sus vidas, la monotonía de las reglas impuestas y el tedio del día a día, que se parece a lo que soportamos tantos otros, inunda su existencia. 

Todos alguna vez hemos querido que este mundo se vaya al carajo. ¿Qué pasaría si así sucediera? Eso es exactamente lo que acontece en Los no muertos: el orden se rompe, las riendas de ese mundo están a la deriva, algo ha desatado el caos, el pánico y esos cinco amigos caen en cuenta de que no están preparados para ver cómo se desmorona todo aquello en lo que basaban su existencia. Sí. Para ir en contra de las reglas se necesita tenerlas. 

Todos alguna vez hemos querido que este mundo se vaya al carajo. ¿Qué pasaría si así sucediera? Eso es exactamente lo que acontece en Los no muertos: el orden se rompe, las riendas de ese mundo están a la deriva”

James Nuño trabajó seis años en la escritura de su primera novela. Actualmente trabaja en su segunda obra.
Foto: ©James Nuño

“Qué curioso que este sea el verdadero olor del hombre: cuando uno no se baña, no se afeita, no se acicala, huele a muerte (…) Vivimos con ella y no lo sabemos”, dice Épsilon, uno de los personajes que deambula por la ciudad consumida por el virus, pero sobre todo por la incertidumbre. Vivimos con la muerte, dice, y es cierto, pero ella no es la artífice de todo ese desasosiego: es el tiempo. El tiempo que persigue, que nos presiona, que ha sido utilizado para que cada minuto valga y se convierta en dinero, que todo se eficiente, que todo dure menos, que nuestras vidas se inviertan en favor de la Gran Compañía. 

Un objeto y una forma de comunicación, por lo demás bastante anodinos, se retratan de una forma muy peculiar en la novela: los post-its y los mensajes instantáneos. Dos símbolos de la inmediatez, de la urgencia, de la premura con la que corren los segundos para quien vive “dentro” de las reglas establecidas. 

Estar no-muerto no es lo mismo que estar vivo. Mucho menos es estar muerto-muerto. Es habitar un estado en el que nosotros no somos dueños de nuestras acciones, en el que obedecemos y nos insertamos en el orden creado para nosotros. 

Los individuos que nos encaminan a lo largo de la novela son personajes que corren para obtener su “bono de puntualidad”, periodistas que deben realizar mil tareas al mismo tiempo, mujeres de negocios que hacen valer cada segundo de su día, damas presionadas por los tiempos impuestos para ser madres… de alguna forma todos esos personajes somos nosotros y no nos queda más que preguntarnos si esa es la historia de la que queremos ser protagonistas. 

Estar no-muerto no es lo mismo que estar vivo. Mucho menos es estar muerto-muerto. Es habitar un estado en el que nosotros no somos dueños de nuestras acciones”

Portada del libro, publicado por Paraíso Perdido en 2016.

Los no muertos, James Nuño. (Paraíso Perdido, 2016)
Encuentralo en: Amazon y Kichink.

Sobre el autor.

El escritor y editor tapatío ha sido seleccionado para antologías como Ruta 80, de Jaime Mesa.
Foto: ©James Nuño

James Nuño (Guadalajara, 1984), comenzó su carrera en 2002 cuando ganó un concurso de cuento. A partir de ahí, para mantener su récord ganador, dejó de escribir de manera formal. Durante años se dedicó al estudio y trabajó como profesor, corrector, burócrata, traductor y hasta botarga. Después, comprendió que extrañaba la escritura y comenzó a publicar poemas, cuentos y artículos en diversos medios electrónicos e impresos. En 2011, fue beneficiario del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico, hazaña repetida en 2013. En 2019 recibió la beca del FONCA en la categoría de creación, para continuar con un proyecto de novela. Actualmente se dedica de lleno a la deambulación imaginativa, con sus implicaciones físicas y mentales.

Sobre el reseñista.
Néstor Pinacho (Ciudad de México, 1992). Es narrador y docente, egresado de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación con especialidad en Periodismo. Ha sido Secretario de Redacción y colaborador en el diario El Universal.
Es autor de la novela “De las cenizas a la tierra”, ganadora del Premio Nacional de Novela Juan José Revueltas (2018), publicada por el Fondo Editorial Tierra Adentro (FETA).

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