El Covid-19 y la industria del libro.

Por Marco Islas-Espinosa

Si algo he aprendido en 18 años de ejercicio periodístico es que, efectivamente, somos un borrador de la historia, y que eventualmente ese borrador es mucho más efectivo para los verdaderos historiadores y estudiosos, cuando se trata de una modesta nota a cuando tratamos de escribir un “definitivo” ensayo o una “demoledora” pieza de opinión.

Por eso escribir sobre las implicaciones de la pandemia del Coronavirus en la industria del libro me ha costado mucho trabajo, a pesar de que que he reporteado por casi veinte años la feria del libro más grande de habla hispana o que he visto de cerca el trabajo de mis amigos -sí, amigos- editores y libreros por más o menos el mismo tiempo…

Pero la verdad sea dicha esa es una de las características de esta emergencia, nadie está muy seguro de cuál es la respuesta idónea. Intuyo, además, que esta vez nadie está buscando una salida única, unívoca o siquiera pretende pensar que hay una sola respuesta o camino por delante. Esa es, me parece, la principal diferencia con respecto a otras crisis que ha visto la industria del libro. Porque, del advenimiento del libro electrónico a la consolidación de la industria de la edición en conglomerados transnacionales, pasando por las diversas leyes del libro, la industria ha tenido un Siglo XXI bastante movidito.

Para mí, como consumidor, productor y promotor dentro de esta industria esta crisis llegó justo cuando las editoriales independientes de México estaban alcanzando una etapa interesante de crecimiento y visibilidad. Un lugar que se han ganado gracias a que sus propuestas, autores y métodos son completamente contemporáneos a sus lectores. Son, vaya, editoriales del presente. Más que eso, son realistas.

Pero como todos los integrantes de la humanidad desde la Generación X hasta los Zenialls, las independientes han crecido en la incertidumbre, en un mundo donde el futuro sólo se lee en clave distópica y el presente es una trampa autoinflingida que busca ahogar en consumismo la angustia existencial. 

De las distintas respuestas ensayadas por las editoriales independientes podemos delinear tres conclusiones:

Es momento de respuestas colectivas, cooperativas.

Desde México editoriales librerías, revistas y espacios culturales plantean “una cultura más cercana a lo común, lejos de las tendencias globales de producción cultural” basada en “estrategias, por mínimas que sean, de cooperación y apoyo mutuo”.

Es momento de replantear la economía de la industria.

Desde España Errata Naturae pone en palabras lo que muchas independientes en el país de los antiguos “buque insignia” de la edición piensan: ¿De verdad tampoco ahora es el momento de pararse y reflexionar?

Es momento de repensar.

No se trata ya de “encontrar el lugar del libro” en el mundo de las pantallas, si no de volver a explorar sus límites, de probar sus nuevas posibilidades.

Esta vez nadie está buscando una salida única, unívoca o siquiera pretende pensar que hay una sola respuesta o camino por delante»

Y sí, no es inédita la presencia de una enfermedad masiva que diezma a la población mundial, pero las particularidades del Siglo XXI han arrojado preguntas, dilemas y oportunidades que habremos de abordar como industria, pero sobre todo como personas bibliopensantes. La búsqueda de respuestas, la exploración, es la seña de identidad de la raza humana, hoy más que nunca habremos de usarla.

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