LA MEDIDA JUSTA DE LA ARMONÍA

Reseña
El compañero imaginario de Marek Kotsky
Mario Heredia
Novela


POR: ALEJANDRO PANIAGUA


El libro de Mario Heredia contrasta todo el tiempo la fealdad de los crímenes de odio y de los feminicidios, con la belleza de la bisexualidad, de la homosexualidad y del deseo en general.

Es una novela breve donde la belleza suena, pesa, tiene movimiento. Es un vaivén de precisión literaria. Suena como una sinfonía que se puede tararear durante una pesadilla, pero también como una cumbia que se puede bailar de manera triste y provocativa.

En mi comentario, seguro que voy a hacer algunos spoilers, la verdad es que no me siento mal por ello, sobre todo, porque lo más relevante de la novela es su poderío literario, que va mucho más allá de lo anecdótico.

El protagonista del libro, Raúl, es un joven encantador que se devasta a sí mismo y derrumba a los otros. Es un joven que me recuerda lo perturbadoramente adorable que era destruirme en mis años mozos. Raúl es un chico que también anula a los demás, pero tiene un modus operandi muy distinto al del asesino de mujeres que anda suelto por Guadalajara; Raúl mata a uno de sus compañeros de escuela por partes, pedazo a pedazo. Primero le destroza la mano, lo que provoca que se la amputen, luego lo orilla a intentar suicidarse sin éxito, ello lo hace caer en coma; al final lo deja sin ninguna posibilidad de existir o de tener una mínima satisfacción en la vida.

La mayor parte de los capítulos son de una hoja, a excepción de un par. Me encantó la medida, estoy seguro de que es la medida justa de la armonía, de la hermosura. De ahora en adelante quisiera que todo en mi vida midiera una hoja: las mañaneras de una hoja, las cartas de suicidio, los recibos de luz, las cartas de motivos para cerrar una cuenta de banco de una hoja. De una hoja los rechazos de las editoriales, los menús de las taquerías, los juramentos de abstinencia a la virgencita, las notas de rescate, las semblanzas artísticas. De una hoja mis penas y mis alegrías, la biblia, el Corán, la sección amarilla y mi carta de renuncia a todo lo que no sea bello.

También hay algo de literatura mística en la obra, los personajes del libro invocan todo el tiempo a deidades oscuras con sus acciones, con su desinterés por las vidas ajenas, con sus palabras de desdén por el mundo, con su música, con su poesía, con su desconcierto. En el texto se conjura a demonios majestuosos, sensuales, pero que tarde o temprano también terminan por sacarles las tripas del alma a los convocantes. Estos seres sombríos y apolíneos colman también el espacio del lector y lo tientan hasta hacerlo caer.

El manejo de las figuras retóricas, de las imágenes poéticas es ejemplar, deslumbra. Hay hipérboles, sinécdoques, alegorías, crasis, anáforas… Todos esos nombres bizarros que dotan de ritmo, exactitud y belleza a la novela. El autor tiene tal habilidad para crear imágenes que puede convertir unas medias usadas para cometer asesinatos en un elemento sexy, en un fetiche que dan ganas de probar durante un encuentro de sexo casual.

Me gustó tanto el empleo de recursos de escritura que les mostré algunos capítulos del libro a mis alumnos como ejemplo de confección literaria. A todos les fascinó la muestra.

Ilustrada por el autor, Guadalajara parece un sueño lúcido, un delirio que no se distingue de la realidad. Retrata la región con delicadeza, pero también con desparpajo. Yo, que tanto extraño la ciudad, me sentí allá, sin duda. Hasta la violencia de la región está dibujada con sumo cuidado, se puede oler, palpar, puede ser temida a distancia.

El trabajo de Heredia, como dice Lukács de las buenas novelas, se parece un chingo a la vida. Sobre todo, porque cada personaje podría convertirse en cualquier cosa: un asesino, una víctima, un fuck boy, una joven promesa, un payasito de semáforo, un nigromante o ese individuo que te revela la verdad luego de arruinarte la vida.

Heredia construye personajes de carne y hueso, sólidos, con sangre en las venas, personajes que dan ganas de abrazar o de agarrar a madrazos. También recrea muy bien la mente de los habitantes de su novela, uno puede escuchar sus pensamientos, saborear sus dudas, sus temores. Pero el autor logra algo que pocas veces he hallado en la literatura, también recrea el alma de sus creaciones, confecciona sus aspectos invisibles, hace que se sienta el latir de su espíritu. Raymundo, por ejemplo, es un alma que suda, que apesta a indefinición. Marcos es un ánima que declama, que exige justicia. Darío es un espíritu que sana y mata, que es remedio y enfermedad. Gustavo es un alma incompleta, condenada por siempre a dormir sin paz. Mientras uno lee el trayecto de estas almas sin penas, sin vergüenza, dan ganas de transfigurarlos, de ayudarlos a alcanzar la iluminación, de redimirlos hasta expiar todos sus pecados.

Es muy importante destacar el estupendo diseño de Atípica Editorial y la excelente curaduría literaria que han hecho Cecilia Magaña y Ada Cabrales. El diseño de los exteriores e interiores del libro está hecho con absoluta maestría, y es un ejemplo para las editoriales independientes del país.

Quiero concluir diciendo que la novela me hizo preguntarme quién soy yo en el mundo: el que se coge a todos o el que todos se quieren coger; el que asesina a todos o el que todos quieren asesinar. En realidad, no lo sé, quizás no sea ninguno o tal vez hoy sea uno y mañana otro. Al menos espero que a partir de hoy, mi existencia sea tan bella, precisa y poderosa como la escritura de Manuel Heredia.

El libro está disponible a la venta a través de la librería Impronta en Guadalajara, con envíos a toda la República.


EL AUTOR

Mario Heredia (Orizaba, Veracruz, 1961) Escritor y artista visual, ha publicado los libros de cuentos Los trece círculos del caracol (1993), A dos tintas (1997) y Un bosque muerto (2003), las novelas Memoria de mis huesos (1999), Estas celdas que soy (2000), Río Blanco (2001), Las Sagradas noches (2003), La otra cara del tiempo (2009), Las Machincuepas de Silvestre y su pierna biónica (2011) y La Santa imagen de Lucía Méndez (2014), Los libros de poesía Los espíritus de la música (Colección El Ala del Tigre de la UNAM, 1999), El éxtasis violeta de Arthur Cravan (Traducción al portugués de Paulo Ferraz. Mantis editores, 2014), Titanic (Traducción al inglés de Laurence Schimel, 2015), Titanic (Traducción al alemán de Leonce Lupette, 2016), Antes del oído, (Ediciones Monte Carmelo/Universidad de Querétaro, 2017). Ganador del Concurso Nacional de Cuento “Edmundo Valadés”, del Premio Nacional de Cuento “Agustín Yáñez”, del Premio Internacional de Novela “Sergio Galindo” y del Premio Internacional de Narrativa “Ignacio Manuel Altamirano”. Radica en Guadalajara donde Imparte varios talleres de creación literaria en SOGEM y Fondo de Cultura Económica. Sus poemas y cuentos se han publicado en varias antologías y revistas nacionales e internacionales. Actualmente trabaja en un nuevo poemario y en un libro de cuentos. Su libro Antes del oído, (traducción al inglés de Carlos Ponce Velasco, Mano Santa Ediciones, 2018) se presentó el Septiembre del año pasado en la Universidad de Wist en Johannesburgo. Geometría absoluta, libro de cuentos, saldrá este año bajo el sello Atípica Editorial.


Alejandro Paniagua

Estudió Creación literaria en la Escuela de escritores de la SOGEM. En el año 2007 fue becario del FONCA en el género de cuento. En el 2009 obtuvo el Premio Internacional de Narrativa Ignacio Manuel Altamirano, otorgado por la Universidad Autónoma del Estado de México. Tiene publicada la novela Antipsicóticos, y está incluido en la antología de cuento Asesinos, músicos y otros personajes para recorrer México. En 2015 fue finalista del concurso de Novela Breve organizado por novelistik.com y ganador del prestigiado Concurso Latinoamericano de Cuento Edmundo Valadés. Su trabajo literario ha sido publicado en revistas y periódicos como: Generación, Confabulario, El Universal Excelsior. Con Los demonios de la sangre obtuvo mención honorífica en el premio Lipp de novela 2016.


Fotografías por Atípica Editorial

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